El pelo no se lo cortamos nunca en quince añitos que tiene. Ella es de poco hablar. Y ese monederito era de mi finada madre.
“Pero vea que vestidos tiene más lindos”, le dije a la vestuarista o maquilladora, no sé qué es. Parece del tipo pertinaz la muchacha; pocas pulgas, pero se le podrá hablar también, digo, porque mirá que tenía vestidos más lindos para elegir.
Ésta, encima, ni una sonrisa para la cámara.
Jimena.- ¿Está enojada o es por los brackets?
Madre.- Bueno, va junto. Porque le hemos tenido que poner los braquet. Esa costumbre de chuparse el dedo… todavía. Bueno, ya casi que no porque si no se lo lastima, pero por culpa de eso ahí tiene los braquet. Mirá que le decíamos: “Aurorita no te andés chupando el dedo. Sacate la mano de ahí.” Pero en ella es inconsciente nomás. Como que se va, se aísla. Autista dice el doctor. Y ahí se queda, horas chupando ese dedo gordo. Cuando duerme también. Ahora como que no encuentra el tiempo para esos aislamientos; para ella. A ver si se engancha haciendo punto, pensaba yo. Porque ella lo necesita. Anda como nerviosa ahora que no puede chupar. No sé… conseguirle una ocupación, algo que la tranquilice. O esto, esto es importante. Obligarla a sostener una postura también le sirve, claro. Es una posibilidad importante.
Jimena.- Esto es sólo un casting señora, una prueba. No hay que hacerse tantas ilusiones.
Madre.- ¡Pero cómo nena! Yo pongo el espacio físico. Colaboro. Con el mantel no hay problema que lo pisen te digo, pero vos decime si hay que hablarlo a alguno. Porque me tienen que entender. Yo pongo de mí, colaboro en todo: las tortas fritas…, pero un poco de humanidad es necesaria también de la otra parte. Vos decime a quién hay que hablarlo. ¿Al fotógrafo? Yo lo hablo. Para nosotros es muy importante. Jorge les cortó el pasto. ¿Aparte quién más viene?, ¿a ver?
Vos fijate que a esas tres que están sentadas en el banco, pobrecitas lo que se dice talento no les van a encontrar. Yo las conozco. Son toditas vecinas.
Y sí, el enojo o la falta de sonrisa va junto: los braquet y la angustia; ¡la intranquilidad en la que ha entrado estos días! Pero es un ser especial, ustedes tienen que entender. No es cuestión de venir a abusar acá de la gente de provincias. Buscan abaratar, eso se nota. No digo que está mal, ojo, pero el abuso es otra cosa y nosotros no tendremos el conocimiento, la velocidad, pero nos damos cuenta, viste, tontos no somos. No me quiero poner pesada demás, pero necesitamos que Aurorita quede. Es importante.
Jimena.- Se está meando señora.
Madre.- La puta, el mantel Aurorita. Salí, salí, caminá fuera de ahí, que te quedás como una marmota.
Bueno, no es nada, no pasa nada, ¿no? Total la mancha no sale, o sí; en la foto digo.
Jimena.- Yo igual ya sentía como un olor a pis. ¿Ya estaba meado el mantel?
Madre.- No me ofendas, querida. No vengas con tus aires de ciudad, que yo conozco, y los olores de allá son, te lo voy a decir, más fuertes. Acá estamos al aire libre, ¿hay algún problema?, porque yo como te dije les ofrezco el espacio físico, pero si no se sienten a gusto siempre pueden preguntar a algún vecino, a ver si se les brindan igual.
Jimena.- ¿Y no tendrá otro mantel?
Madre.- No; fijate que no. Es el único. Los demás no. Imaginate que no. Qué seguridad tengo yo. Al final le tenía que haber hecho caso a Jorge: “que te firmen algo aunque sea”; y una que se pasa de confiada, porque yo soy de las que creo que hay que confiar en la gente; a mí me parece que es lo que se ha perdido casi totalmente hoy en día, sobre todo en las grandes ciudades. Acá al menos eso lo tenemos, es como un pequeño orgullo. Una sale a la calle, se mira a la cara, y se da cuenta de que la comunicación no se ha perdido; está.
Jimena.- Y bueno, ¿y un mantel, algún vecino? Voy a tener que hablar con algún vecino.
Madre.- Ah cómo quieras m’hija. Vos sentite libre. Pero acá mantel ajeno, no. O todo o nada… eso sí.
¡Qué!, ¿ya se cansó? Parece. Dejó de fotografiarla. Le molesta el pasto… algo pasó. Pero, ¿y por qué está descalzo?
Jimena (a alguien más).- Y saquemos el mantel, ¿el verde te cambia mucho?, el hombre cortó el pasto. La verdad que no, no hay voluntad.
Madre.- Hay fiebre
Jimena.- ¿Qué?
Madre.- ¿Hablás conmigo? Nunca sé cuánto me importa, nunca sé cuánto la quiero. Aurorita no tiene problemas, se puede poner en patas también. Es una profesional. Vas a ver qué dedos largos tiene. Habría que hablarlo con la vestuarista o maquilladora, no sé qué es.
Jimena.- Necesitamos que abra la boca. Aunque no sea sonrisa.
Madre.- Pero yo creo que ya te conté el problema por el que está pasando ella. Si ustedes al menos me transmitieran qué es lo que buscan, porque ella ya filmó, viste, esto no es lo primero. Un institucional hizo; para una agro-técnica. Y la gente fue clara con lo que quería; el director, fue claro. Pero que abra la boca, qué significa.
Jimena.- Yo también tengo una hija
Madre.- Ah, qué bien.
¿Dónde la dejaste?
Jimena.- Necesito trabajar.
Madre.- Ah solitas las dos. Debés andar a las corridas, pobrecita. Yo por eso lo cuido a Jorge. Nena, un consejo: si alcanza el cincuenta por ciento quedate ahí que ya es bastante. Al hombre que encuentres, me refiero. En este medio, oportunidades tendrás, aunque claro, también miralo a éste: se altera porque le pica el pasto. Yo voy a ver qué puedo hacer. Nos tenemos que ayudar.
Jimena.- No puedo lidiar con todos.
Madre.- No querida, por qué te ponés así. ¿Tan estresante es esto? Realmente no lo sabía, no tenía ni idea. Estás re-cargada. Yo te voy a traer un tesito. Vos esperame; nos vamos a abrazar. Cuando pongas tus brazos alrededor mío, me vas a dar una fiebre difícil de aguantar. Una sola cosa, ¿van a seguir ya o le podemos hacer un cambio de ropita? Tal vez ayude a la sonrisa.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada