“El mar, ese indeciso”, me lee
me hace escuchar mi propio ronquido e
indaga mi sueño con su lengua
Boca abajo, el desafío es no despertar:
integrar el cosquilleo a lo desconocido.
Como el mar voy y vengo del sueño
En este limítrofe placer hay algo, no obstante,
en la orilla de la vela que no cuadra
que no me puedo llevar
Despierto y giro.
Ella deja todo en la cancha y no alcanza
Las lágrimas, los herpes
lo simbólico
El viaje. Eso.
No hay chance de parar.
Pido de vuelta unos versos de Michaux
Es en balde toda otra compañía
"No se discute acerca de la brisa del mar, se fortalece uno cuando la siente." Ezra Pound
domingo, 19 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
dos ostras de la mano
Estaba el yo poético en la playa
Olas de tres metros, pleamar
Barrenar nos propusimos y re-locos
Parafina fuimos a buscar
De la mano nos quemábamos los pies
Los pies más lindos en la playa
Las olas más grandes en el mar.
En un rapto frenético me propuso:
“Che, ¿la parafina se puede tomar?”
Yo quise contenernos, quise rescatar
Pero su impulso, su capricho
Fue muy duro de parar.
Fuimos dos rubios alocados pero al supernatural
Pateamos una serie de sombrillas,
Sumergimos el paladar
Barrenar, barrenar, barrenamos sin parar
Fue toda nuestra meta, nuestro solo transitar
Todos los deseos, de la mano caminar
Todo nuestro mundo sumergido en alta mar
-Ey medusa -nos gritaron
-Somos un par de ostras -tuvimos que aclarar-
Somos frutos sumergidos
Nos está gustando este lugar
-Sí, sí, -encararon moluscos fascinados-
Sean bienvenidos, usen nuestro hospital
Hay unas pirañas medio fachas,
nada que nos deba preocupar.
Emparafinados hasta el culo
Hundidos en el mar
Bailamos todos juntos
La danza del iodo y de la sal.
Barrenar, barrenar, barrenamos sin parar
Fue toda nuestra meta, nuestro solo transitar
Todos los deseos, de la mano caminar
Todo nuestro mundo sumergido en alta mar
Olas de tres metros, pleamar
Barrenar nos propusimos y re-locos
Parafina fuimos a buscar
De la mano nos quemábamos los pies
Los pies más lindos en la playa
Las olas más grandes en el mar.
En un rapto frenético me propuso:
“Che, ¿la parafina se puede tomar?”
Yo quise contenernos, quise rescatar
Pero su impulso, su capricho
Fue muy duro de parar.
Fuimos dos rubios alocados pero al supernatural
Pateamos una serie de sombrillas,
Sumergimos el paladar
Barrenar, barrenar, barrenamos sin parar
Fue toda nuestra meta, nuestro solo transitar
Todos los deseos, de la mano caminar
Todo nuestro mundo sumergido en alta mar
-Ey medusa -nos gritaron
-Somos un par de ostras -tuvimos que aclarar-
Somos frutos sumergidos
Nos está gustando este lugar
-Sí, sí, -encararon moluscos fascinados-
Sean bienvenidos, usen nuestro hospital
Hay unas pirañas medio fachas,
nada que nos deba preocupar.
Emparafinados hasta el culo
Hundidos en el mar
Bailamos todos juntos
La danza del iodo y de la sal.
Barrenar, barrenar, barrenamos sin parar
Fue toda nuestra meta, nuestro solo transitar
Todos los deseos, de la mano caminar
Todo nuestro mundo sumergido en alta mar
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martes, 12 de octubre de 2010
la raza
Personaje blanco irrumpe en el paisaje y camina. Escucha con auriculares música de Neil young; fragmentos instrumentales de la música de Neil Young. Hay montañas, piedras, aire seco. Calor seco. Es verano. Empieza a caer la tarde. Aún quedan varias horas de luz. Hay soledad o vastedad. Muchos colores. Algunas partes verdes. Bastantes araucarias.
Personaje blanco.- ¿Qué es esto; adónde vine? ¿Cómo vine?
Un eco repite.
Hay un sendero con huella de auto, pero no pasa ningún auto. Mucho silencio que el Personaje blanco no escucha
Personaje blanco.- ¡Fa... es todo un paisaje de montañas, imponente!
Personaje blanco camina. De golpe al costado del camino en un desnivel, abajo, se enclava una casa con un jardín que tiene el pasto muy bien arreglado. Un cartel de madera clavado bajo en el jardín lee: Hospedaje. Un indio viejo sentado en una silla, asienta el filo de un cuchillo.
Personaje blanco desde el camino que está más elevado respecto de donde se encuentra el indio viejo.
Personaje blanco.- Jefe, me da yerba.
Indio viejo.- ¿A ver? ¿Haber?
Se levanta con dificultad, se mete en la casa. Vuelve con un paquete empezado
El indio le muestra el paquete de yerba.
Indio viejo.- ¿Así estará bien?
Personaje blanco.- Sí. Cuánto le debo
El indio viejo no contesta
Indio viejo.- ¿le anda faltando la imaginación?
Personaje blanco.- algo así. Cuánto es.
Indio viejo.- Cinco pesos. Quedate acá; a pasar la noche. Te cobro barato
Personaje blanco.- No puedo, sigo. Gracias.
Indio viejo.- ¿Estás seguro? Quedate acá, mejor.
El personaje blanco hace una mueca pero ya no contesta. Guarda el paquete en su morral raído y camina hacia el este. El camino dobla después de una cuesta hacia la izquierda. Es sinuoso, y con bajadas y subidas, pero sus curvas hacen un promedio entre el norte y el este. Neil Young suena a pleno.
Un indio joven sobre una roca bien alta al costado del camino, contempla solo el paisaje; la bicicleta tirada a un costado. Personaje blanco se detiene y se saca los auriculares.
Personaje blanco.- ¿Qué hacés acá?
Indio joven.- Miro para allá.
Personaje blanco.- Ah qué lindo
Indio joven.- Sí.
Personaje blanco.- ¿Me puedo sentar acá un rato?
Indio joven.- Sí puede.
(El indio joven tiene una leve sonrisa dibujada en su rostro. Ya estaba de antes, pero al contestarle parece sutilmente más marcada.)
Personaje blanco sube con cierta dificultad hasta la roca donde está sentado el indio joven, y se sienta a su lado. Ambos –codo a codo- miran en la misma dirección.
Silencio prolongado
Personaje blanco.- ¿Y así siempre?
Indio joven.- Sí, un rato. El sol cae. Después me voy.
Personaje blanco.- Qué bueno, qué bueno…
Indio Joven.- Y usted, ¿qué hace?
Personaje blanco.- Viajo.
Indio Joven.- ¿Para qué?
Personaje blanco.- Para encontrarme con vos por ejemplo.
Indio joven sonríe.
Indio joven.- Acá termina entonces.
Personaje blanco.- ¿Vos creés?
Silencio
Indio joven.- A mí no me gustan los hombres.
Personaje blanco.- ¿Blancos?
Indio joven.- Es gracioso.
Personaje blanco.- Qué te gusta
Indio joven.- Estar acá.
Personaje blanco.- ¿No te aburrís?
Indio joven.- No. (Pausa) Mire esa nube.
Personaje blanco.- ¿Ésa?
Indio joven.- Sí.
Personaje blanco.- Parece un indio cocinando
Indio joven.- Una india.
Personaje blanco.- Ah sí, es cierto
Indio joven.- Está cocinando un personaje blanco.
Personaje blanco.- ¿Para qué?
Indio joven.- ¿qué se yo? Para divertirse será. Para comer no creo.
Personaje blanco.- ¿Vos decís que la india lo violó antes?
Indio joven.- Eso en la nube no está.
Personaje blanco.- Mirá la nube de al lado.
Indio joven.- ¿Ésa?
Personaje blanco.- No, ésa.
Indio joven.- Pero ésa es más adelante en el tiempo.
Personaje blanco.- Ah. Ves cronológicamente.
Indio joven.- Palabras raras. Esa todavía no pasó.
Personaje blanco.- La de la violación.
Indio joven.- Es otra cosa. No se asuste.
Personaje blanco.- No, no. ¿Qué es?
Indio joven.- Es mi abuela cocinando un curanto.
Personaje blanco.- Palabras raras. (Breve pausa) Ah sí, ahora veo, está agachada. Pero atrás qué tiene.
Indio joven.- Un contratenor; un castrado. No la viola. La sostiene y le canta.
Personaje blanco.- No me digas, ¿qué le canta?
Indio joven.- “forever together”
Personaje blanco.- ¿Vos sos indio indio?
Indio joven.- Me ofende.
Personaje blanco.- No, me refiero a que…
Indio Joven.- Ahí, déjelo ahí. Volvamos al silencio.
Pb.- …
Silencio prolongado
Indio joven.- ¿Y esa yerba que le dio mi abuelo?
Personaje blanco.- ¿Me ves como a las nubes?
Indio joven.- Acá se ve todo. ¿Escucha?
Personaje blanco.- No, qué.
Indio joven.- Hay algo que no es de acá.
Personaje blanco.- Ah, me dejé la música prendida
Indio joven.- ¿Qué escucha?
Personaje blanco.- Es un músico canadiense.
Indio Joven.- ¿Cohen?
Personaje blanco.- No, otro.
Indio joven.- ¿Puede apagarlo?
Personaje blanco.- Sí.
Indio joven.- ¿Ahora escucha?
Personaje blanco.- Ahora sí, pasos.
Indio joven.- Usted es un personaje blanco, ¿pero blanco blanco?
(Ríen. Al rato pasa el indio viejo caminando por el sendero allá abajo y menea la cabeza en claro gesto de desaprobación.)
Indio joven.- Abuelo, venga que le presento a un amigo. (Indio viejo hace gestos que “no” con la mano.) No me va a decir que anda apurado, abuelo.
Indio viejo.- Ando corto de tiempo, sí, aunque no lo creas. Y vos te andás distrayendo un poco. Qué son esas conversaciones absurdas
Indio joven.- Pero qué dice abuelo.
Indio viejo.- Todo, acá se escucha todo.
Indio joven.- Sí, pero eso no da derecho…
Indio viejo.- Andás revelando nubes de tu abuela.
Indio joven.- Ah, ¿es eso?
Indio viejo.- Te parece poca ofensa. Un extraño se te sienta al lado…
Personaje blanco.- Señor…
Indio viejo.- No es con usted que estoy hablando. Usted ya tuvo su oportunidad, y no escuchó. Ahora el accidente es inminente. Cómo se predice un accidente y que así y todo pueda seguir siendo accidente, usted me dirá: pues así. Un accidente, un robo, no sé. Le pido que deje al muchacho en paz.
Personaje blanco.- Pero si en paz estamos.
Indio joven.- Vaya abuelo, vaya que ya lo alcanzo.
(El indio viejo sigue su camino)
Indio joven.- Bueno, ya escuchó al abuelo.
Personaje blanco.- No es muy claro el abuelo.
Indio joven.- Nunca le escuché tanta… ¿elocuencia?
Personaje blanco.- Supongo.
Indio joven.- A mí me pegó un reto y a usted le anticipa un accidente. No a cualquiera. (Pausa) ¿Y esa yerba?
Personaje blanco.- Me esperan para unos mates, pero me perdí.
Indio joven.- Me voy a ir.
Personaje blanco ¿Te molesta si me quedo un rato más en tu roca?
Indio joven.- No.
(El indio joven se va en su bicicleta. Personaje blanco se calza los auriculares. Oscurece.)
Personaje blanco.- ¿Qué es esto; adónde vine? ¿Cómo vine?
Un eco repite.
Hay un sendero con huella de auto, pero no pasa ningún auto. Mucho silencio que el Personaje blanco no escucha
Personaje blanco.- ¡Fa... es todo un paisaje de montañas, imponente!
Personaje blanco camina. De golpe al costado del camino en un desnivel, abajo, se enclava una casa con un jardín que tiene el pasto muy bien arreglado. Un cartel de madera clavado bajo en el jardín lee: Hospedaje. Un indio viejo sentado en una silla, asienta el filo de un cuchillo.
Personaje blanco desde el camino que está más elevado respecto de donde se encuentra el indio viejo.
Personaje blanco.- Jefe, me da yerba.
Indio viejo.- ¿A ver? ¿Haber?
Se levanta con dificultad, se mete en la casa. Vuelve con un paquete empezado
El indio le muestra el paquete de yerba.
Indio viejo.- ¿Así estará bien?
Personaje blanco.- Sí. Cuánto le debo
El indio viejo no contesta
Indio viejo.- ¿le anda faltando la imaginación?
Personaje blanco.- algo así. Cuánto es.
Indio viejo.- Cinco pesos. Quedate acá; a pasar la noche. Te cobro barato
Personaje blanco.- No puedo, sigo. Gracias.
Indio viejo.- ¿Estás seguro? Quedate acá, mejor.
El personaje blanco hace una mueca pero ya no contesta. Guarda el paquete en su morral raído y camina hacia el este. El camino dobla después de una cuesta hacia la izquierda. Es sinuoso, y con bajadas y subidas, pero sus curvas hacen un promedio entre el norte y el este. Neil Young suena a pleno.
Un indio joven sobre una roca bien alta al costado del camino, contempla solo el paisaje; la bicicleta tirada a un costado. Personaje blanco se detiene y se saca los auriculares.
Personaje blanco.- ¿Qué hacés acá?
Indio joven.- Miro para allá.
Personaje blanco.- Ah qué lindo
Indio joven.- Sí.
Personaje blanco.- ¿Me puedo sentar acá un rato?
Indio joven.- Sí puede.
(El indio joven tiene una leve sonrisa dibujada en su rostro. Ya estaba de antes, pero al contestarle parece sutilmente más marcada.)
Personaje blanco sube con cierta dificultad hasta la roca donde está sentado el indio joven, y se sienta a su lado. Ambos –codo a codo- miran en la misma dirección.
Silencio prolongado
Personaje blanco.- ¿Y así siempre?
Indio joven.- Sí, un rato. El sol cae. Después me voy.
Personaje blanco.- Qué bueno, qué bueno…
Indio Joven.- Y usted, ¿qué hace?
Personaje blanco.- Viajo.
Indio Joven.- ¿Para qué?
Personaje blanco.- Para encontrarme con vos por ejemplo.
Indio joven sonríe.
Indio joven.- Acá termina entonces.
Personaje blanco.- ¿Vos creés?
Silencio
Indio joven.- A mí no me gustan los hombres.
Personaje blanco.- ¿Blancos?
Indio joven.- Es gracioso.
Personaje blanco.- Qué te gusta
Indio joven.- Estar acá.
Personaje blanco.- ¿No te aburrís?
Indio joven.- No. (Pausa) Mire esa nube.
Personaje blanco.- ¿Ésa?
Indio joven.- Sí.
Personaje blanco.- Parece un indio cocinando
Indio joven.- Una india.
Personaje blanco.- Ah sí, es cierto
Indio joven.- Está cocinando un personaje blanco.
Personaje blanco.- ¿Para qué?
Indio joven.- ¿qué se yo? Para divertirse será. Para comer no creo.
Personaje blanco.- ¿Vos decís que la india lo violó antes?
Indio joven.- Eso en la nube no está.
Personaje blanco.- Mirá la nube de al lado.
Indio joven.- ¿Ésa?
Personaje blanco.- No, ésa.
Indio joven.- Pero ésa es más adelante en el tiempo.
Personaje blanco.- Ah. Ves cronológicamente.
Indio joven.- Palabras raras. Esa todavía no pasó.
Personaje blanco.- La de la violación.
Indio joven.- Es otra cosa. No se asuste.
Personaje blanco.- No, no. ¿Qué es?
Indio joven.- Es mi abuela cocinando un curanto.
Personaje blanco.- Palabras raras. (Breve pausa) Ah sí, ahora veo, está agachada. Pero atrás qué tiene.
Indio joven.- Un contratenor; un castrado. No la viola. La sostiene y le canta.
Personaje blanco.- No me digas, ¿qué le canta?
Indio joven.- “forever together”
Personaje blanco.- ¿Vos sos indio indio?
Indio joven.- Me ofende.
Personaje blanco.- No, me refiero a que…
Indio Joven.- Ahí, déjelo ahí. Volvamos al silencio.
Pb.- …
Silencio prolongado
Indio joven.- ¿Y esa yerba que le dio mi abuelo?
Personaje blanco.- ¿Me ves como a las nubes?
Indio joven.- Acá se ve todo. ¿Escucha?
Personaje blanco.- No, qué.
Indio joven.- Hay algo que no es de acá.
Personaje blanco.- Ah, me dejé la música prendida
Indio joven.- ¿Qué escucha?
Personaje blanco.- Es un músico canadiense.
Indio Joven.- ¿Cohen?
Personaje blanco.- No, otro.
Indio joven.- ¿Puede apagarlo?
Personaje blanco.- Sí.
Indio joven.- ¿Ahora escucha?
Personaje blanco.- Ahora sí, pasos.
Indio joven.- Usted es un personaje blanco, ¿pero blanco blanco?
(Ríen. Al rato pasa el indio viejo caminando por el sendero allá abajo y menea la cabeza en claro gesto de desaprobación.)
Indio joven.- Abuelo, venga que le presento a un amigo. (Indio viejo hace gestos que “no” con la mano.) No me va a decir que anda apurado, abuelo.
Indio viejo.- Ando corto de tiempo, sí, aunque no lo creas. Y vos te andás distrayendo un poco. Qué son esas conversaciones absurdas
Indio joven.- Pero qué dice abuelo.
Indio viejo.- Todo, acá se escucha todo.
Indio joven.- Sí, pero eso no da derecho…
Indio viejo.- Andás revelando nubes de tu abuela.
Indio joven.- Ah, ¿es eso?
Indio viejo.- Te parece poca ofensa. Un extraño se te sienta al lado…
Personaje blanco.- Señor…
Indio viejo.- No es con usted que estoy hablando. Usted ya tuvo su oportunidad, y no escuchó. Ahora el accidente es inminente. Cómo se predice un accidente y que así y todo pueda seguir siendo accidente, usted me dirá: pues así. Un accidente, un robo, no sé. Le pido que deje al muchacho en paz.
Personaje blanco.- Pero si en paz estamos.
Indio joven.- Vaya abuelo, vaya que ya lo alcanzo.
(El indio viejo sigue su camino)
Indio joven.- Bueno, ya escuchó al abuelo.
Personaje blanco.- No es muy claro el abuelo.
Indio joven.- Nunca le escuché tanta… ¿elocuencia?
Personaje blanco.- Supongo.
Indio joven.- A mí me pegó un reto y a usted le anticipa un accidente. No a cualquiera. (Pausa) ¿Y esa yerba?
Personaje blanco.- Me esperan para unos mates, pero me perdí.
Indio joven.- Me voy a ir.
Personaje blanco ¿Te molesta si me quedo un rato más en tu roca?
Indio joven.- No.
(El indio joven se va en su bicicleta. Personaje blanco se calza los auriculares. Oscurece.)
acción
“Me gusta nadar con tiburones” dijo habiendo bebido apenas medio vaso del negroni. Sentí que mi boca se abría de la manera que siempre le pasaba a ella cuando se sorprendía con algo, como por ejemplo esa misma mañana que me vio aparecer con el parche en el ojo. De hecho mi ojo derecho –el descubierto- focalizó por primera vez desde que tenía el parche. Estaba, aunque con un solo ojo, viendo con más claridad.
-¡Qué! Vos leíste el libro de Bizzio- pregunté.
-No, es la parte que me leíste vos en la cama.
-Bueno, él la termina dejando para volver con su anterior mujer.
-Si eso es lo que vos hacés me dejarías de gustar.
¿Qué es esto: una pulseada de condiciones?, pensé. El vaso quedó sin terminar pero esta es otra historia. Lo cierto es que yo miré alrededor y no vi ningún tiburón. There ain’t no sharks around, baby!
Uno podrá convenir que hay situaciones que sugieren más acción que otras, pero también donde uno ve acción otro puede ver estupidez a gran velocidad.
Un dato:
Según escuché, el “pueblo” de Lobos es el lugar donde se registra el más alto consumo de cocaína per cápita de toda la Argentina; y en la calle principal están –según sean aficionados o no- quienes caminan por una vereda y quienes caminan por la otra (acá sin metáfora). ¡Felicitaciones!
-¡Qué! Vos leíste el libro de Bizzio- pregunté.
-No, es la parte que me leíste vos en la cama.
-Bueno, él la termina dejando para volver con su anterior mujer.
-Si eso es lo que vos hacés me dejarías de gustar.
¿Qué es esto: una pulseada de condiciones?, pensé. El vaso quedó sin terminar pero esta es otra historia. Lo cierto es que yo miré alrededor y no vi ningún tiburón. There ain’t no sharks around, baby!
Uno podrá convenir que hay situaciones que sugieren más acción que otras, pero también donde uno ve acción otro puede ver estupidez a gran velocidad.
Un dato:
Según escuché, el “pueblo” de Lobos es el lugar donde se registra el más alto consumo de cocaína per cápita de toda la Argentina; y en la calle principal están –según sean aficionados o no- quienes caminan por una vereda y quienes caminan por la otra (acá sin metáfora). ¡Felicitaciones!
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domingo, 22 de agosto de 2010
show
Una mujer saluda desde un carrusel, un loco carrusel salido de un sueño. No gira, avanza; o como La Tierra: rotación y traslación por las inmensurables pampas en barbecho. La mujer sonríe y con la boca cerrada parece decir: “no hay titiritero, no existe tal cosa”. El Yo es una piedra, o un árbol.
Marginados pero no marginales, como el resto, buscan plata para comer para drogarse, para tener. Para mantener el miedo burgués. Marginados pero no marginales: Somos todos partes de lo mismo. Y la vida no pasa, siempre hubo mañana.
La representación, ah… la representación, admite lecturas tan novedosas, tan tergiversadas más bien, aunque no importa, ya que muchos igual no apagan sus teléfonos, no vaya a ser cosa… Nadie entiende nada, es lógico porque el absurdo está en la desconexión del texto con quién lo interpreta, pero quien lo interpreta es un héroe televisivo, alguien más, fagocitado por la dirección del mundo de la que repito, nadie escapa, nadie se salva. Y aplaudimos con fervor los gestos agradecidos del intérprete, y parece que aquí comenzara su verdadera actuación, ahora que la función ha terminado. Ahora que ya no necesita ponerle esa cadencia de aristócrata afeminado a un personaje que no resiste eso ni aún en un evento tal. Pero sigamos con lo que importa de verdad. Otra mujer llora cada vez que escucha cierta parte de la 7ª de Beethoven en su casa, de grabaciones bajadas de Internet, vaya a saber por cuántas orquestas. Pero un día, fijate que viene la filarmónica de Israel a la ciudad, y por supuesto decide ir a escucharla, y su interpretación de la sinfonía no le provoca nada. Pero nada. Qué está pasando. El espectáculo, ah… el espectáculo. Voy a decir pija para que se rían. (Silencio) Sigo.
Qué es el dinero, qué es el dinero aquí en el bosque se pregunta el Yo que es árbol y que es piedra. Y su misión es dejar de preguntarse también acerca de lo que es la convención. Acerca del amor ya hace rato que no se pregunta. Se escucha el correr del agua, shhh…shhh, ahí va, corre el agua, es un arroyo. Más piedras amigas, un aire fresco, la humedad fría, el musgo. La añoranza del viaje, hay transacción a todo nivel, es eso. Piedras amigas, ¿qué tienen para ofrecer? esa es la pregunta natural que retumba en las montañas. El sonido de la caja la desmiente; la pregunta es otra. Siempre es hombre, del hombre, aunque hable el sonido de la caja como un sonar de piedras en avalancha por la ladera del cerro, la pregunta viene del hombre.
Y un cóndor que sobrevuela a una altura imposible, pero ha de tener una vista extraordinaria para captar el detalle, la mancha de sangre, la distracción del cabrito. No hay escapatoria. Dos mujeres confiesan en bello contrapunto sus aficiones a determinada sustancia. Lo atractivo está en la anécdota. Y todo el alrededor late muerto; eso, un latido muerto o frío o blanco, como la noche. La noche que como la vida no se acaba, no pasa. Ahí, en busca de la semántica, una planta enredadera colgándose de las modas, de las tendencias, de las tecnologías, cree que sube, que busca el sol, quiere significar, agradar, compartir prejuicios, hacerse amiga. Falsa enredadera, la obra del artista.
El arroyo ahora es río donde unas mujeres se bañan, otras lavan la ropa. Voy por partes: unas mujeres de tez muy morena se bañan cubiertas con pareos de tela de un algodón muy suave, teñidos de vivos colores y dibujos como arabescos. Se bañan y se peinan con una gracia y un pudor en la hora que cae la tarde. Y quien tiene la oportunidad de admirarlas junto a los niños que gritan y juegan chapuzando, digo, quien tiene la suerte de presenciar la escena, se fortalece en un silencio emocionado.
De las lavanderas no voy a hablar, no, hoy no. Prefiero ver al niño que sale a matar, lo veo en un acto de arrojo, no calculado, al tuntún, pero con técnica, eso sí. Al auto atrapado en el semáforo. ¡Dame la plata! Asoman 100 pesos de la ventanilla, ¡Es para comer! No mata, el niño no mata esta vez. Come mierda cerca de la estación junto a su compañero más niño. Duerme en una calle por ahí, mañana tal vez vaya en busca de su madre o mate, no sé, no importa, mañana siempre hubo, pero el niño ya está muerto. Y la vida no pasa.
Otra vez la mujer del carrusel que saluda y sonríe. Y avanza, y habla sin mover los labios, y parece escucharse muy a lo lejos, casi en el límite de lo audible, eso de que no hay titiritero, que no existe tal cosa. Y el Yo devenido piedra, ya no árbol, internado en el bosque, en el fondo de un arroyo límpido, por más abstraído que parezca, digo la piedra, en el colmo de la humildad, de la inacción, no obstante se pregunta: “quién, qué, quién.” Y llora; en el fondo del arroyo, la piedra finalmente llora. Sí, después se oyen unos aplausos.
Marginados pero no marginales, como el resto, buscan plata para comer para drogarse, para tener. Para mantener el miedo burgués. Marginados pero no marginales: Somos todos partes de lo mismo. Y la vida no pasa, siempre hubo mañana.
La representación, ah… la representación, admite lecturas tan novedosas, tan tergiversadas más bien, aunque no importa, ya que muchos igual no apagan sus teléfonos, no vaya a ser cosa… Nadie entiende nada, es lógico porque el absurdo está en la desconexión del texto con quién lo interpreta, pero quien lo interpreta es un héroe televisivo, alguien más, fagocitado por la dirección del mundo de la que repito, nadie escapa, nadie se salva. Y aplaudimos con fervor los gestos agradecidos del intérprete, y parece que aquí comenzara su verdadera actuación, ahora que la función ha terminado. Ahora que ya no necesita ponerle esa cadencia de aristócrata afeminado a un personaje que no resiste eso ni aún en un evento tal. Pero sigamos con lo que importa de verdad. Otra mujer llora cada vez que escucha cierta parte de la 7ª de Beethoven en su casa, de grabaciones bajadas de Internet, vaya a saber por cuántas orquestas. Pero un día, fijate que viene la filarmónica de Israel a la ciudad, y por supuesto decide ir a escucharla, y su interpretación de la sinfonía no le provoca nada. Pero nada. Qué está pasando. El espectáculo, ah… el espectáculo. Voy a decir pija para que se rían. (Silencio) Sigo.
Qué es el dinero, qué es el dinero aquí en el bosque se pregunta el Yo que es árbol y que es piedra. Y su misión es dejar de preguntarse también acerca de lo que es la convención. Acerca del amor ya hace rato que no se pregunta. Se escucha el correr del agua, shhh…shhh, ahí va, corre el agua, es un arroyo. Más piedras amigas, un aire fresco, la humedad fría, el musgo. La añoranza del viaje, hay transacción a todo nivel, es eso. Piedras amigas, ¿qué tienen para ofrecer? esa es la pregunta natural que retumba en las montañas. El sonido de la caja la desmiente; la pregunta es otra. Siempre es hombre, del hombre, aunque hable el sonido de la caja como un sonar de piedras en avalancha por la ladera del cerro, la pregunta viene del hombre.
Y un cóndor que sobrevuela a una altura imposible, pero ha de tener una vista extraordinaria para captar el detalle, la mancha de sangre, la distracción del cabrito. No hay escapatoria. Dos mujeres confiesan en bello contrapunto sus aficiones a determinada sustancia. Lo atractivo está en la anécdota. Y todo el alrededor late muerto; eso, un latido muerto o frío o blanco, como la noche. La noche que como la vida no se acaba, no pasa. Ahí, en busca de la semántica, una planta enredadera colgándose de las modas, de las tendencias, de las tecnologías, cree que sube, que busca el sol, quiere significar, agradar, compartir prejuicios, hacerse amiga. Falsa enredadera, la obra del artista.
El arroyo ahora es río donde unas mujeres se bañan, otras lavan la ropa. Voy por partes: unas mujeres de tez muy morena se bañan cubiertas con pareos de tela de un algodón muy suave, teñidos de vivos colores y dibujos como arabescos. Se bañan y se peinan con una gracia y un pudor en la hora que cae la tarde. Y quien tiene la oportunidad de admirarlas junto a los niños que gritan y juegan chapuzando, digo, quien tiene la suerte de presenciar la escena, se fortalece en un silencio emocionado.
De las lavanderas no voy a hablar, no, hoy no. Prefiero ver al niño que sale a matar, lo veo en un acto de arrojo, no calculado, al tuntún, pero con técnica, eso sí. Al auto atrapado en el semáforo. ¡Dame la plata! Asoman 100 pesos de la ventanilla, ¡Es para comer! No mata, el niño no mata esta vez. Come mierda cerca de la estación junto a su compañero más niño. Duerme en una calle por ahí, mañana tal vez vaya en busca de su madre o mate, no sé, no importa, mañana siempre hubo, pero el niño ya está muerto. Y la vida no pasa.
Otra vez la mujer del carrusel que saluda y sonríe. Y avanza, y habla sin mover los labios, y parece escucharse muy a lo lejos, casi en el límite de lo audible, eso de que no hay titiritero, que no existe tal cosa. Y el Yo devenido piedra, ya no árbol, internado en el bosque, en el fondo de un arroyo límpido, por más abstraído que parezca, digo la piedra, en el colmo de la humildad, de la inacción, no obstante se pregunta: “quién, qué, quién.” Y llora; en el fondo del arroyo, la piedra finalmente llora. Sí, después se oyen unos aplausos.
jueves, 12 de agosto de 2010
grises abetos
No puedo salir del bosque de Robert Walser. Hace días que vengo así. Me encontré con su pintor, poniéndole la cara a la lluvia. Lo seguí. Caminaba para cansarse. Extrañamente, no era sensible a nada; no se paraba ante nada. Sólo ante la fatiga. Estaba agobiado por la dulzura del amor. Pasó sin preocupación dos noches de tormenta. Luego le puso la cara al sol. Me acordé de su esfuerzo por pintarlo frío; indolente, tierno, pero frío. Y esto debido a su afán naturalista, puro; sí, eran otras épocas. Bueno, ni tanto. Quién no añora hoy un paisaje de bosque ininterrumpido, una vista sin ciudades. La cuestión es que el pintor necesitó caminar el bosque cual dromómano para su decisión: Dejaría a la condesa, dejaría la villa donde tan bien era acogido. La creación artística había quedado a un lado; él no tenía dudas, había sido desplazada por el amor. Mañana sería la partida. Mañana ha de ser.
miércoles, 28 de julio de 2010
voces en la noche (dos polvos, el mismo)
Noche afuera transpiración
Yo hoy les avisé a las chicas, es mi cumpleaños… ¿venís?
Vamos
Afuera noche entrada de boliche
Yo te vi ya antes, ¿puede ser?
En la clase de contact.
Si, es la segunda vez que voy.
Claro, yo también me acuerdo de haberte visto.
Ah
Adentro boliche noche
Yo fui a ver eso que hacía Tantanian con Penelas.
Ah de ahí.
Ya te vas.
Sí mañana arranco temprano con la ONG.
Hola.
Vos qué hacés?
Bla bla… y tengo una galería de arte, frente a donde ustedes hacen contact.
¡Sí, total! A veces me llamó la atención alguna movida en la vereda; djs todo eso.
Ahora hay un ginkgo biloba de metal inmenso.
¿Cómo me decís que se llama el artista?
¿Ustedes son hermanas?
Jaja. No; por la nariz.
Nosotras dos podríamos ser hermanas. Somos rusas pero tus rulitos… no.
Por la nariz.
Mmm esta música.
Polaco Sunshine. Está bueno eso que toca. Es como lo que toca la mina de Dead Can Dance.
Ah. Me copa.
Vamos al otro salón.
¿Querés florcita?
Sí. Le convido a las chicas.
Dale.
Acá hace frio.
Él es Ignacio
¿Sos bailarín?
Actor. Hacer un cumple acá es medio como sacárselo de encima.
Traé la torta, Rodri.
Si hay chocotorta aguanto cinco minutos más.
¿La están pasando bien?
Sí. ¿Vos la estás pasando bien?
Claro.
Buenísimo
¿Vamos?
¿Vos venís Lu?
¿Vos venís Lu?
Sí. Pausa. Quiero caminar un poco. ¿Querés caminar?
No.
¿Querés caminar?
Yo sí, pero me quiero tomar alguito antes. Me bancás que pido un fernet. Tengo sed.
Dale.
Che, gracias por lo que me dijiste del cuento, tus consejos. Te voy a hacer caso en eso que me dijiste del padre, es verdad que hay como una bajada de línea muy fuerte.
Mirá que es mi impresión, yo creo que ese tipo de enunciación re va en la literatura infantil. Como que todo lo que se dice tiene un algo didáctico, y tu cuento para mí es infantil, pero cuando te ponés a hablar del padre que es así o asá, es como que digo, en vez de que me lo cuentes tanto me gustaría verlo un poco más en accion al chabón, pero eso; es sólo mi impresión.
No buenísimo, te re entendí.
Vos vas a la clase de contact también?
Sí. Vos sos amiga de Liz?
Ajá.
Bueno, yo me voy. Te saco un poquito de fernet.
Sí terminalo. Chau. ¿Vamos a caminar entonces?
Dale.
Chau Rodri, feliz cumple.
Abajo les abren
Afuera noche viento
Hace frio.
Bien podemos correr o…
Así que una granja ecoyogui en San Pedro
Sí, un terreno de 7 hectáreas
¿Y con quienes vas a armarlo?
Y… con un amigo y… los que se prendan pero el proyecto es con un amigo y estamos yendo todas las semanas. Eso.
Ah buenísimo. Y yoga no harás kundalini, no?
¡Sí!
Sorpresa
¡No! Yo también empecé a hacer ahora. Recomendación de mi terapeuta. ¿Doblamos?
Ahora no hace tanto frio, había que doblar. Sí, este año igual me occidentalicé. Pero cómo es que un terapeuta te recomienda hacer kundalini. ¿Te dijo andá a tal lado?
No, sólo hacé kundalini. También me dice que tome ayahuasca. Ese tour sí me lo vende él; pero yo le dije, pará, vamos de a poco.
Ahí es mi casa
Bueno.
Che, y ahora te volvés caminando?
Bueno, paso un día por la galería.
Llave en cerradura. Media vuelta
Y no querés pasar a tomar algo, un vaso de agua?
Sí, pensé que no tenías.
Ascensor. Espejo delator. Interior departamento moderno
Tenía bebidas pero el otro día me pintó empezar a revolear cosas y rompí varias botellas, acá por ejemplo había más vasos. ¿A vos no se te da por… con los objetos?
¿Pero había alguien?
No, era por teléfono y no, la impotencia de no poder tenerlo
Claro. No, yo no. Yo si me la agarro con algún objeto será por no romperle la cara a alguien; pero la verdad es que no, no me pasa.
La verdad que no parecés del tipo.
Es como que no disfrutaras tanto del masaje en los pies.
¿Yo, por qué lo decís?
Mmm, yo si me tocan los pies me…
No, yo no
Sonrisas. Sexo desapasionado.
Esta sola frase marca el punto álgido de la noche:
¡Dame tu lengua!
Pausa.
¿Se notó mucho el sudor pos contact?
Todo bien.
Pausa.
La verdad, re linda tu casa. ¿Qué esculpís?
No, en realidad no esculpo. Trabajo con papel, pero cada vez menos tridimensional. Ahora tengo que preparar 4 exhibiciones para dentro de un mes.
¿Sí? Dónde.
Munich, Londres, (esa es la misma que viaja) una en mi galería (colectiva) y la otra… Querés más agua?
Dale.
Ascensor. Afuera frío noche. Llave. No hay beso.
¡Taxi!
Interior taxi 5 am.
Iba cortado porque iba para el boliche. Pero cuando levantaste la mano paré.
A Saavedra.
No, ahí donde esta la Philips no flaco, ya me encañonaron hoy, ahora estoy para recuperar, no para que me encañonen de vuelta.
Mirá loco, vengo de un polvo tan pero tan al pedo que me dejó con un mal humor tan pero tan convencional que estoy al borde de deprimirme mal y violentarme mal, así que llevame o voy a tener que romper el habitáculo.
Tranqui, ¿qué querés, que te escuche?
No, que me lleves, ustedes son unos parásitos. Que me tratás de chorro. Ustedes están para dar un servicio, ¿qué pasa en esta ciudad?, ¿o es así en todas?
No sé. Yo de acá nunca salgo; pero viste que se dice: las grandes ciudades…
¿Para qué están los estados, vos te pusiste a pensar? Semejante aparato bueno para nada. Nos seguimos matando unos a otros con la vista tan corta; parecés un caballo de mateo. Vas al boliche, levantás un drogado, le sacás lo que podés, volvés a los pedos a buscar otro, y así toda la noche, todas las noches, y eso para comprarte el combustible que te permita seguir andando, vos y tu vehículo; hasta cuándo o para qué, ¿vos le encontrás sentido a este deambular? ¿Tenés cocaína?, te la compro eh, no es mangazo, yo sé que lo ves todo con un tinte metálico. ¿No te dan ganas de sacar la cabeza un poco y respirar una bocanada de algo distinto?
Tomá, invita la casa.
Gracias, el primer gesto humano en no sé ya cuánto tiempo. Hermano, ¿me permitís que te llame hermano? Odio esos que se me acercan y dicen: “con todo respeto”; no se te ocurra decirme algo por el estilo porque se pudre.
No todo bien.
Pero “hermano”, ¿sabés hace cuánto le quiero decir hermano a alguno? Y no, no se puede, se huele la traición escondida tras cada gesto mínimo. Quiero decir, me convidás cocaína y no noto nada, nada raro: Pureza; ni te diste cuenta pero fuiste puro, o por ahí soy yo que estoy tan necesitado de un gesto fraterno. No sé, siento ganas de llorar y que me la beses al mismo tiempo.
Media vuelta. Mano de taxista a bragueta de pasajero.
Esperá que me vierto un poco de polvo en el glande. Ahora sí. Soplame así, con pureza.
Recitado
“Ah, la locura de la gran ciudad al caer la noche,
junto a los negros muros, se levantan árboles deformes
y a través de la máscara de plata se asoma el genio del mal;
la luz con látigos magnéticos ahuyenta a la noche de piedra.
Ah, el hundido repique de las campanas en la noche.
Puta que entre escalofríos da luz a un niño
muerto. La ira de Dios con rabia azota la frente de los posesos,
piel purpúrea, hambre que rompe los ojos verdes.
Ah, la odiosa risa del oro.
Pero una humanidad más silenciosa sangra en oscura cueva
forjando con metales duros la cabeza salvadora.” *
O el rostro redentor.
Taxista levanta por un momento la cabeza
¿Qué?
Digo que cabeza salvadora o rostro redentor según quien lo traduzca, pero seguí, seguí.
* el poema es "a los enmudecidos", de georg trakl
Yo hoy les avisé a las chicas, es mi cumpleaños… ¿venís?
Vamos
Afuera noche entrada de boliche
Yo te vi ya antes, ¿puede ser?
En la clase de contact.
Si, es la segunda vez que voy.
Claro, yo también me acuerdo de haberte visto.
Ah
Adentro boliche noche
Yo fui a ver eso que hacía Tantanian con Penelas.
Ah de ahí.
Ya te vas.
Sí mañana arranco temprano con la ONG.
Hola.
Vos qué hacés?
Bla bla… y tengo una galería de arte, frente a donde ustedes hacen contact.
¡Sí, total! A veces me llamó la atención alguna movida en la vereda; djs todo eso.
Ahora hay un ginkgo biloba de metal inmenso.
¿Cómo me decís que se llama el artista?
¿Ustedes son hermanas?
Jaja. No; por la nariz.
Nosotras dos podríamos ser hermanas. Somos rusas pero tus rulitos… no.
Por la nariz.
Mmm esta música.
Polaco Sunshine. Está bueno eso que toca. Es como lo que toca la mina de Dead Can Dance.
Ah. Me copa.
Vamos al otro salón.
¿Querés florcita?
Sí. Le convido a las chicas.
Dale.
Acá hace frio.
Él es Ignacio
¿Sos bailarín?
Actor. Hacer un cumple acá es medio como sacárselo de encima.
Traé la torta, Rodri.
Si hay chocotorta aguanto cinco minutos más.
¿La están pasando bien?
Sí. ¿Vos la estás pasando bien?
Claro.
Buenísimo
¿Vamos?
¿Vos venís Lu?
¿Vos venís Lu?
Sí. Pausa. Quiero caminar un poco. ¿Querés caminar?
No.
¿Querés caminar?
Yo sí, pero me quiero tomar alguito antes. Me bancás que pido un fernet. Tengo sed.
Dale.
Che, gracias por lo que me dijiste del cuento, tus consejos. Te voy a hacer caso en eso que me dijiste del padre, es verdad que hay como una bajada de línea muy fuerte.
Mirá que es mi impresión, yo creo que ese tipo de enunciación re va en la literatura infantil. Como que todo lo que se dice tiene un algo didáctico, y tu cuento para mí es infantil, pero cuando te ponés a hablar del padre que es así o asá, es como que digo, en vez de que me lo cuentes tanto me gustaría verlo un poco más en accion al chabón, pero eso; es sólo mi impresión.
No buenísimo, te re entendí.
Vos vas a la clase de contact también?
Sí. Vos sos amiga de Liz?
Ajá.
Bueno, yo me voy. Te saco un poquito de fernet.
Sí terminalo. Chau. ¿Vamos a caminar entonces?
Dale.
Chau Rodri, feliz cumple.
Abajo les abren
Afuera noche viento
Hace frio.
Bien podemos correr o…
Así que una granja ecoyogui en San Pedro
Sí, un terreno de 7 hectáreas
¿Y con quienes vas a armarlo?
Y… con un amigo y… los que se prendan pero el proyecto es con un amigo y estamos yendo todas las semanas. Eso.
Ah buenísimo. Y yoga no harás kundalini, no?
¡Sí!
Sorpresa
¡No! Yo también empecé a hacer ahora. Recomendación de mi terapeuta. ¿Doblamos?
Ahora no hace tanto frio, había que doblar. Sí, este año igual me occidentalicé. Pero cómo es que un terapeuta te recomienda hacer kundalini. ¿Te dijo andá a tal lado?
No, sólo hacé kundalini. También me dice que tome ayahuasca. Ese tour sí me lo vende él; pero yo le dije, pará, vamos de a poco.
Ahí es mi casa
Bueno.
Che, y ahora te volvés caminando?
Bueno, paso un día por la galería.
Llave en cerradura. Media vuelta
Y no querés pasar a tomar algo, un vaso de agua?
Sí, pensé que no tenías.
Ascensor. Espejo delator. Interior departamento moderno
Tenía bebidas pero el otro día me pintó empezar a revolear cosas y rompí varias botellas, acá por ejemplo había más vasos. ¿A vos no se te da por… con los objetos?
¿Pero había alguien?
No, era por teléfono y no, la impotencia de no poder tenerlo
Claro. No, yo no. Yo si me la agarro con algún objeto será por no romperle la cara a alguien; pero la verdad es que no, no me pasa.
La verdad que no parecés del tipo.
Es como que no disfrutaras tanto del masaje en los pies.
¿Yo, por qué lo decís?
Mmm, yo si me tocan los pies me…
No, yo no
Sonrisas. Sexo desapasionado.
Esta sola frase marca el punto álgido de la noche:
¡Dame tu lengua!
Pausa.
¿Se notó mucho el sudor pos contact?
Todo bien.
Pausa.
La verdad, re linda tu casa. ¿Qué esculpís?
No, en realidad no esculpo. Trabajo con papel, pero cada vez menos tridimensional. Ahora tengo que preparar 4 exhibiciones para dentro de un mes.
¿Sí? Dónde.
Munich, Londres, (esa es la misma que viaja) una en mi galería (colectiva) y la otra… Querés más agua?
Dale.
Ascensor. Afuera frío noche. Llave. No hay beso.
¡Taxi!
Interior taxi 5 am.
Iba cortado porque iba para el boliche. Pero cuando levantaste la mano paré.
A Saavedra.
No, ahí donde esta la Philips no flaco, ya me encañonaron hoy, ahora estoy para recuperar, no para que me encañonen de vuelta.
Mirá loco, vengo de un polvo tan pero tan al pedo que me dejó con un mal humor tan pero tan convencional que estoy al borde de deprimirme mal y violentarme mal, así que llevame o voy a tener que romper el habitáculo.
Tranqui, ¿qué querés, que te escuche?
No, que me lleves, ustedes son unos parásitos. Que me tratás de chorro. Ustedes están para dar un servicio, ¿qué pasa en esta ciudad?, ¿o es así en todas?
No sé. Yo de acá nunca salgo; pero viste que se dice: las grandes ciudades…
¿Para qué están los estados, vos te pusiste a pensar? Semejante aparato bueno para nada. Nos seguimos matando unos a otros con la vista tan corta; parecés un caballo de mateo. Vas al boliche, levantás un drogado, le sacás lo que podés, volvés a los pedos a buscar otro, y así toda la noche, todas las noches, y eso para comprarte el combustible que te permita seguir andando, vos y tu vehículo; hasta cuándo o para qué, ¿vos le encontrás sentido a este deambular? ¿Tenés cocaína?, te la compro eh, no es mangazo, yo sé que lo ves todo con un tinte metálico. ¿No te dan ganas de sacar la cabeza un poco y respirar una bocanada de algo distinto?
Tomá, invita la casa.
Gracias, el primer gesto humano en no sé ya cuánto tiempo. Hermano, ¿me permitís que te llame hermano? Odio esos que se me acercan y dicen: “con todo respeto”; no se te ocurra decirme algo por el estilo porque se pudre.
No todo bien.
Pero “hermano”, ¿sabés hace cuánto le quiero decir hermano a alguno? Y no, no se puede, se huele la traición escondida tras cada gesto mínimo. Quiero decir, me convidás cocaína y no noto nada, nada raro: Pureza; ni te diste cuenta pero fuiste puro, o por ahí soy yo que estoy tan necesitado de un gesto fraterno. No sé, siento ganas de llorar y que me la beses al mismo tiempo.
Media vuelta. Mano de taxista a bragueta de pasajero.
Esperá que me vierto un poco de polvo en el glande. Ahora sí. Soplame así, con pureza.
Recitado
“Ah, la locura de la gran ciudad al caer la noche,
junto a los negros muros, se levantan árboles deformes
y a través de la máscara de plata se asoma el genio del mal;
la luz con látigos magnéticos ahuyenta a la noche de piedra.
Ah, el hundido repique de las campanas en la noche.
Puta que entre escalofríos da luz a un niño
muerto. La ira de Dios con rabia azota la frente de los posesos,
piel purpúrea, hambre que rompe los ojos verdes.
Ah, la odiosa risa del oro.
Pero una humanidad más silenciosa sangra en oscura cueva
forjando con metales duros la cabeza salvadora.” *
O el rostro redentor.
Taxista levanta por un momento la cabeza
¿Qué?
Digo que cabeza salvadora o rostro redentor según quien lo traduzca, pero seguí, seguí.
* el poema es "a los enmudecidos", de georg trakl
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