lunes 29 de junio de 2009

aurorita

Madre.- Todo es largo en ella. No es sólo el pelo: los dedos de las manos, la mandíbula, los pies; estilizada que se dice. Aurorita no quiere, pero ya va a querer, ya va a querer. No hay problema con que pisen el mantel. No hay problema ninguno. (…) El pelo no se lo cortamos nunca en quince añitos que tiene. Ella es de poco hablar. Y ese monederito era de mi madre que en paz descanse. “Pero vea que vestidos tiene más lindos”, le dije a la vestuarista o maquilladora, no sé qué es. Parece del tipo pertinaz la muchacha; pocas pulgas, pero se le podrá hablar también, digo, porque mirá que tiene vestidos más lindos para elegir. (…) Ésta, encima, ni una sonrisa para la cámara.

Jimena.- ¿Está enojada o es por los brackets?

Madre.- Bueno, va junto. Porque le hemos tenido que poner los braquet. Esa costumbre de chuparse el dedo… todavía. Bueno, ya casi que no porque si no se lo lastima, pero por culpa de eso ahí tiene los braquet. Mirá que le decíamos: “Aurorita no te andés chupando el dedo. Sacate la mano de ahí.” Pero en ella es inconsciente nomás. Como que se va, se aisla. Autista dice el doctor. Y ahí se queda, horas chupando ese dedo gordo. Cuando duerme también. Ahora como que no encuentra el tiempo para esos aislamientos; para ella. A ver si se engancha haciendo punto, pensaba yo. Porque ella lo necesita. Anda como nerviosa ahora que no puede chupar. No sé… conseguirle una ocupación, algo que la tranquilice. O esto, esto es importante. Obligarla a sostener una postura también le sirve, claro. Es una posibilidad importante.

Jimena.- Esto es sólo un casting señora, una prueba. No hay que hacerse tantas ilusiones.

Madre.- ¡Pero cómo nena! Yo pongo el espacio físico. Colaboro. Con el mantel no hay problema que lo pisen te digo, pero vos decime si hay que hablarlo a alguno. Porque me tienen que entender. Yo pongo de mí, colaboro en todo: las tortas fritas, pero un poco de humanidad es necesaria también de la otra parte. Vos decime a quién hay que hablarlo. ¿Al fotógrafo? Yo lo hablo. Para nosotros es muy importante. Jorge les cortó el pasto. ¿Aparte quién más viene?, ¿a ver? Vos fijate que a esas cuatro que están sentadas en el banco, pobrecitas lo que se dice talento no les van a encontrar. Yo las conozco. Son toditas vecinas. (…) Y sí, el enojo o la falta de sonrisa va junto: los braquet y la angustia; ¡la intranquilidad en la que ha entrado estos días! Pero es un ser especial, ustedes tienen que entender. No es cuestión de venir a abusar acá de la gente de campo. Buscan abaratar, eso se nota. No digo que está mal, ojo, pero el abuso es otra cosa y nosotros no tendremos el conocimiento, la velocidad, pero nos damos cuenta, viste, tontos no somos. No me quiero poner pesada demás, pero necesitamos que Aurorita quede. Es importante.

Jimena.- Se está meando señora.

Madre.- La puta, el mantel Aurorita. Salí, salí, caminá fuera de ahí, que te quedás como una marmota. (…) Bueno, no es nada, no pasa nada, ¿no? Total la mancha no sale, o sí; en la foto digo.

Jimena.- Yo igual ya sentía como un olor a pis. ¿Ya estaba meado el mantel?

Madre.- No me ofendas, querida. No vengas con tus aires de ciudad, que yo conozco, y los olores de allá son, te lo voy a decir, más fuertes. Acá estamos al aire libre, ¿hay algún problema?, porque yo como te dije les ofrezco el espacio físico, pero si no se sienten a gusto siempre pueden preguntar a algún vecino, a ver si se les brinda la misma hospitalidad.

Jimena.- ¿Y no tendrá otro mantel?

Madre.- No; fijate que no. Es el único. Los demás no. Imaginate que no. Qué seguridad tengo yo. Al final le tenía que haber hecho caso a Jorge: “que te firmen algo aunque sea”; y una que se pasa de confiada, porque yo soy de las que creo que hay que confiar en la gente; a mí me parece que es lo que se ha perdido casi totalmente hoy en día, sobre todo en las grandes ciudades. Acá al menos eso lo tenemos, es como un pequeño orgullo. Una sale a la calle, se mira a la cara, y se da cuenta de que la comunicación no se ha perdido, sigue vigente.

Jimena.- Y bueno, ¿y un mantel, algún vecino? Voy a tener que hablar con algún vecino.

Madre.- Ah cómo quieras m’hija. Vos sentite libre. Pero acá mantel ajeno, no. O todo o nada… eso sí. (Breve pausa) ¿Qué, ya se cansó? Parece. Dejó de fotografiarla. No le gusta el pasto. Algo pasó.

Jimena (a alguien más).- Sacamos el mantel, ¿el verde cambia mucho?, el hombre cortó el pasto. La verdad que no, no hay voluntad.

Madre.- Hay fiebre

Jimena.- ¿Qué?

Madre.- ¿Hablás conmigo? Nunca sé cuánto me importa, nunca sé cuánto la quiero. Aurorita no tiene problemas, se puede poner en patas también. Es una profesional. Vas a ver qué dedos largos tiene. Habría que hablarlo con la vestuarista o maquilladora, no sé qué es. Pero al que no le gusta el pasto es a él me da la impresión.

Jimena.- Necesitamos que abra la boca. A modo de sonrisa al menos.

Madre.- Pero yo creo que ya te conté el problema por el que está pasando ella. Si ustedes al menos me transmitieran qué es lo que buscan, porque ella ya filmó, viste, esto no es lo primero. Un institucional hizo; para una agro-técnica. Y la gente fue clara con lo que quería; el director, fue claro. Pero que abra la boca, qué significa.

Jimena.- Yo también tengo una hija; y ella me tiene a mí.

Madre.- Ah solitas las dos. Debés andar a las corridas, pobrecita. Yo por eso lo cuido a Jorge. Nena, un consejo: si alcanza el cincuenta por ciento quedate ahí que ya es bastante. Al hombre que encuentres, me refiero. En este medio, oportunidades tendrás, aunque claro, también miralo a éste: se altera porque le pica el pasto. Yo voy a ver qué puedo hacer. Nos tenemos que ayudar.

Jimena.- No quiero llorar. No puedo lidiar con todos.

Madre.- No querida, por qué te ponés así. ¿Tan estresante es esto? Realmente no lo sabía, no tenía ni idea. Estás re-cargada. Yo te voy a traer un tesito. Vos esperame; nos vamos a abrazar. Cuando pongas tus brazos alrededor mío, me vas a dar una fiebre difícil de aguantar. Una sola cosa, ¿va a seguir ya o le podemos hacer un cambio de ropita? Tal vez ayude a la sonrisa.

martes 9 de junio de 2009

soltáme

-¡Soltáme!- dijo severa, terminante, como si él estuviera a punto de forzarla. Él aflojó un poco, sorprendido, ya que no notaba en su abrazo más que una ternura post coital, y entonces volvió a apretar con más fuerza. Ella repitió con un tono tan calmo como amenazante: -¡soltáme!- El tono de ella lo hería. El quiso pelear con la fuerza de su abrazo, o más bien resistir, pero luego de dos segundos se rindió: el tono y la mirada de ella eran imbatibles. Se sentó sobre la cama, la vista perdida; buscó su calzoncillo estirando un brazo bajo las sábanas y se puso las medias. Quiso apurarse, pero su lentitud era irrevocable. Luego de las medias, incluso hizo una pausa. Ella se puso la bombacha con aire triunfal. El semen le corría por la entrepierna; de pie sobre la cama, le daba su espalda a él. Parecía mirar la luz que entraba por la ventana, pero pronto desapareció de un salto. Él terminó de vestirse; una nueva pausa al ponerse de pie. Finalmente caminó hacia el baño. Al salir a la calle, ambos mantuvieron sus silencios. Era domingo a la mañana. Él se anticipó al canillita y pidió dos diarios iguales. Le molestaba lo absurdo de la negociación. Su propia existencia le resultaba absurda y le molestaba. Estaba envuelto en un laberinto de absurdidad. Para ella en cambio, eran todos signos de la pasión. Una pasión que, sin embargo, siempre pasaba por los filtros de su mente. Una pasión que siempre requería motivos...
Y era esto lo que los volvía incompatibles.

miércoles 3 de junio de 2009

cameron highlands

Las mañanas son despejadas, o con pocas nubes en el cielo; el pasto donde se ubican las mesas para el desayuno está húmedo. Y las mañanas despejadas, además son frescas, aptas para duchas de agua caliente: uno de los temas de conversación preferidos por los viajeros, quienes gustan levantarse de sus camas de buena hora, tal vez para tomar esas duchas o ese desayuno, tal vez para simplemente contemplar el paisaje, consecuencia de un clima tropical que no lo parece, si por clima tropical entienden esa sensación de pesadez que vienen arrastrando durante los últimos dos, ocho, catorce meses según el caso, pero siempre cantidad de meses pares. Es entonces un llamado de la melancolía que los despierta tan temprano a evocar frescas mañanas primaverales de sus lugares de origen que en todos los casos se encuentra lo suficientemente alejado de los trópicos como para que la evocación suceda en mañanas frescas como éstas.
Y planean en el transcurso del desayuno, por cuál camino de la selva se internarán; o dibujan extraños dibujos. Restan importancia a las diferencias entre ingleses y escoceses. Y leen a Dickens o a Stevenson. Juegan al ping pong, o eligen un DVD para ver luego de su caminata por la así llamada selva.

Una vez en la selva a la cual no se aconseja ir sólo, todo es diferente, el silencio es diferente, la luz se densifica y promete humedecerse, se oyen ruidos de cascadas que se mezclan con ruidos de arroyos y con los ruidos de algunas viajeras orinando que aunque no prometan humedecerse están húmedas, y se cuelgan de otros como de lianas, comenzando así el rito de invocación a John Newton, el único colono que se perdió en alguna parte de esta misma selva en 1928. El rito continúa con escupitajos en las caras y profundos lengüetazos en las orejas de cada uno de los presentes, hasta que finalmente el colono John se aparezca allá en la altura, dentro de la figura de un bellísimo cuerpo de mujer, cubierto casi en su totalidad de un vello color verde musgo en obvia mimetización con el lugar y riendo morbosamente, mientras se desliza o flota con estilo felino entre las copas de los árboles. Y su risa es una invitación a unirse a él o ahora ella. Pero los viajeros saben diferenciar por el tono, que se trata más bien de un desafío, una provocación, de quien en realidad prefiere ser alabado o invocado en ritos de fluidos. Sólo una de las viajeras se ve seducida por el hechizo e intenta desplegar sus alas traslúcidas de esperma y saliva, para comenzar así su incontrolado ascenso hacia la sensual mujer selvática, pero es detenida a tiempo por otros dos más atentos.
Entonces John despliega bien abiertas sus increíbles piernas, intensifica la lluvia que nubla la vista de los viajeros y desaparece dejando sólo perceptible un lejano eco de su risa.

Al atardecer los viajeros toman duchas de agua caliente. Bajan a buscar comida al pueblo, de donde traen además botellas de vino australiano. Hablan del buceo en el mar Rojo y del mágico viento en los Himalayas. Y leen a Mellville o a Wernicke. O simplemente beben el vino mientras juegan a las cartas.

jueves 9 de abril de 2009

átopos

Cada vez que busco tu mirada
la luz está apagada.
Persisto. No me resisto
a no encontrar
ese rasgo tenue, común,
necesario.
Sé qué está escondido.
(Mi desafío, mi conquista)
Tu azuzar intermitente
malgasta,
hiere.
Nunca perseveré tanto.
Pero cuando lo encuentre
Ah… cuando lo encuentre
Tal vez te ame
por dos minutos
fatales y eternos
en los que tendrás jardín
con perro. Y yo:
paz para seguir

jueves 19 de marzo de 2009

chica canción

Sí eso. Una chica canción
Para todo hombre que se precie.
Si la prefiere, pasilarga y de ojo saltón,
contralto de aliento dulzón.
Pero dígame qué pasa
que las chicas se le enojan.
Qué pasa con su sexo cargado de fobia
¿Qué lo agobia?
Acaso huela las esencias del poder
Power everywhwere...
¿Se te paró, no se te paró?
¿la tiene ella más larga que vos?
¿Hasta cuándo
chica canción?
Dime hasta cuándo y
Give us the love song,
Give us the love song.

miércoles 11 de febrero de 2009

mango

No puede ser que vaya a morir alguien que come con semejante voracidad un mango como lo como yo. Veo mis dientes hincando el mango. Fruición es la palabra. No hay una expresión de alegría en el gesto, más bien una celebración inconsciente de la vida en ese penetrar la madura pulpa naranja. Irrefrenable. Una y otra vez contra la fruta carnosa. No, todavía no puedo morir.

martes 3 de febrero de 2009

ademán

Corro tras torrentes
de aire y de agua;
en realidad persigo los aromas
Hago preguntas, remojo los pies
suceden cosas; de todo tipo…
La experiencia is dead, me repito.
La vida está en la aventura
Esta vez el llanto llega y
agradece con un ademán
Hay la consumación de un duelo
en el crepúsculo.
Todo te desdibuja