“El mar, ese indeciso”, me lee
me hace escuchar mi propio ronquido e
indaga mi sueño con su lengua
Boca abajo, el desafío es no despertar:
integrar el cosquilleo a lo desconocido.
Como el mar voy y vengo del sueño
En este limítrofe placer hay algo, no obstante,
en la orilla de la vela que no cuadra
que no me puedo llevar
Despierto y giro.
Ella deja todo en la cancha y no alcanza
Las lágrimas, los herpes
lo simbólico
El viaje. Eso.
No hay chance de parar.
Pido de vuelta unos versos de Michaux
Es en balde toda otra compañía
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